El desarrollo de Erik era normal, hizo lo que se espera de cualquier bebé… se sentó… sostuvo su cabecita… gateó… decía algunas palabras en su lenguaje… hasta que todo cambió.

Notamos que dejó de responder a estímulos, a su nombre, nada llamaba su atención, hubo un retroceso en su desarrollo a la edad de 2 años.

Siempre surgieron comentarios de nuestra familia, que no me preocupara que era flojo para hablar, que después lo haría… pero yo como madre me daba cuenta de que algo no estaba bien, mi hijo dejó de sonreír, lloraba mucho, las rabietas aumentaban conforme pasaba el tiempo. Entonces decidí llevarlo al médico a buscar respuestas de que le pasaba a mi Erik… a nuestro Erik, lo llevé a instituciones públicas… recuerdo que la primera vez que lo vió una pediatra, me entrevistó y le mandó hacer una serie de estudios, pero recuerdo que mencionó un posible diagnóstico, fue el de un posible espectro autista. Salí del consultorio devastada porque yo ya había leído algo sobre esa condición, pero yo tenía la esperanza de que no fuera así. Recuerdo que yo trabajaba en una estancia infantil a la cual el asistía, ese día llegué llorando tanto que mis compañeras me abrazaron y me daban muchos ánimos, pero sólo pasaron 2 meses y dejé mi trabajo porque para mi era muy difícil ver las diferencias entre el desarrollo de mi Erik y de otros niños de su edad.

Se llegó el día y realizaron todos los estudios pertinentes, lo cual arrojaba que él estaba sano, tanto que lo enviaron a Paidopsiquiatría al Centro Médico donde el especialista lo diagnosticó con TDAH, pero conforme Erik iba creciendo presentaba más conductas del espectro autista. Los ruidos le empezaron a molestar, dejó de tener contacto visual y lo más triste fue que mi familia se empezó desmoronar. Mi hijo mayor comenzó a tener problemas en la escuela, mi esposo a vivir en negación tanto que decía ¡que yo quería enfermar a Erik! y a pesar de que ya había un supuesto diagnóstico yo no estaba conforme, yo observaba a mi niño, él estaba conmigo todo el tiempo. Recuerdo que cuando llegó su primer día de clases en preescolar lo dejé… pero me fui con un miedo enorme que no me permitió retirarme muchos metros del kínder.

Yo estaba con esa angustia, porque a pesar de que los médicos me decían que Erik estaba bien, yo muy dentro sabía que algo más estaba pasando con Erik. Cuando llegué a recogerlo, su maestra pidió hablar conmigo, me quedé y me dijo lo que yo presentía, que mi niño tenía conductas de un niño con autismo, me recomendó buscar otra opinión y doy gracias a esta persona tan importante en la vida de mi Erik, su maestra Betty, ella me animó a buscar otras opiniones, llegué al DIF en busca de otra opinión y me dijeron lo mismo que la maestra Betty, me canalizaron al Hospital Civil donde por fin encontré la confirmación de algo que yo presentía, a pesar de que yo estaba consciente de que podía pasar… Cuando recibí el diagnóstico mi mundo se empezó a derrumbar… fue el dolor más grande que en mi vida había sentido, ese día fue el más negro de mi vida, yo solo quería llorar y llorar y meterme debajo de una cama con mi hijo y jamás salir de ahí, porque era como matar las expectativas de mi hijo y aprender a vivir con mi Erik fue como una pérdida. Hoy sé que también gané mucho, pero mucho amor para nuestro hijo, pero también sabía que tenía que luchar por mi hijo, que él no tenía a nadie más, que dependía de mí y de su papá totalmente para salir adelante. Gracias a Dios en el kínder me lo recibieron, pero para mí como madre fue la etapa más difícil porque tenía que vivir mi duelo, como familia fue devastador, me hundí tanto que no podía ver más allá de mis narices, no podía ver el dolor de mi esposo incluso el de mi hijo Alex. Me enojé tanto con Dios… yo quería saber porque a nosotros… me la pasaba buscando respuestas y cuando todo parecía perdido ante mis ojos, llegó una luz de esperanza… la maestra Betty me recomendó acudir a la Fundación Contacto Humano para el Autismo, A.C. que gracias a Dios es nuestra segunda casa.

Erik es otro niño definitivamente, mi niño a avanzado a pasos agigantados, su gran terapeuta, es en la tierra, uno de los ángeles de mi Erik. Hoy estoy segura de que Él nos ha puesto a las personas correctas en el camino, un camino que para nada es fácil y mucho menos cuando no hay los recursos económicos suficientes, porque como padres queremos lo mejor para nuestros hijos, pero gracias a que existen personas tan comprometidas en su trabajo, tan entregadas de corazón, cada logro por pequeño que sea para nosotros es el más grande. La Fundación es una parte fundamental en la vida de mi Erik, ¡mi niño ha logrado cosas que yo jamás creí! Quizá yo lo subestimé, pero cada día me convenzo más de que él puede, que también gracias al gran apoyo que ha tenido mi Erik en Fundación, todos sus logros no serían posibles. Actualmente él asiste a una escuela regular, es un pequeño muy distinto.

Mi Erik es lo más grande en nuestra vida como familia, lo amamos, lo aceptamos tal como es, damos gracias a Dios porque él nos ha enseñado a ser mejores seres humanos. Él es auténtico, transparente, es el mejor amigo de su hermano Alex, se quieren y se llevan muy bien, es nuestro motor para seguir adelante, nos enseñó a ver con sus ojos, estamos orgullosos de él; mi hijo Alejandro se ha vuelto su protector principal, lo ama mucho y yo estoy tan agradecida con mi hijo porque la atención de sus padres esta mayormente enfocada a Erik, pero como Alex dice “Erik es un ser vulnerable y necesita muchos cuidados y mucho amor”.

Solo sé que no es fácil, el sendero del autismo es así, hay días que parecen ser los más negros y a veces los más alegres, pero con la ayuda adecuada y sobre todo la perseverancia hay resultados.

Yo sólo sé que mi hijo es lo más grande que la vida me ha dado, me ha enseñado a llegar, a no quedarme en el camino. Y con certeza puedo decir que si pudiera regresar el tiempo y Dios me diera escoger, yo con gusto volvería a recibir a mi Erik.

Con lo más difícil que nos ha tocado luchar, es con la ignorancia de la gente. Ojalá hubiera más información sobre esta condición; también ayudaría a padres que van iniciando en este largo camino, como cuando yo no sabía a donde recurrir, cómo hacer, a dónde ir… sólo me queda dar muchas gracias a cada una de las personas de la Fundación muchas gracias por su gran labor, ¡de verdad que cambian vidas!… ¡MUCHAS GRACIAS!

 Lety